8 de octubre de 2010

Helena de Céspedes, una transexual del siglo XVI.

En la Edad Moderna las transmutaciones sexuales eran aceptadas con normalidad y benevolencia pues debido a las concepciones sexuales era posible que una mujer se transformara en hombre, ya que según las teorías galeno-hipocráticas las mujeres poseían los mismos órganos sexuales que el hombre, sólo que en el interior debido al frío del cuerpo femenino. Con un exceso de calor, por tanto, el organo sexual podía expulsarse y la mujer, de esta manera, se convertía en un perfecto hombre. Por otro lado, en la Edad Moderna la idea de pertenecer a un sexo u otro no era la misma que la de hoy día. Ser mujer no dependía del sexo, sino de los estereotipos sociales que les era impuesto. Una mujer era una mujer porque la sociedad así lo decía. Por lo que muchos cambios de sexos no eran cambios puramente biológicos sino sociales.


Un ejemplo de cambio de sexo por estereotipo social es el de Helena de Céspedes. Juzgada por el Santo Oficio en Toledo en 1587. Ésta era natural de Alhama (Granada) y era hija de una esclava probablemente morisca. Al parecer había sido bautizada como mujer y, salvo algunas irregularidades en su menstruación, nunca había sufrido ninguna perturbación ni dudas sobre su sexo femenino durante su mocedad. Se casó a instancias de sus padres con un albañil de Jaén, que al parecer la abandonó y falleció al poco tiempo. Helena de Céspedes, entonces, se declaró hermafrodita pues al parir el hijo que concibió su marido se le rompió un pellejo que tenía sobre el caño de la orina y le salió una cabeza como medio dedo pulgar [...] que parecía en su hechura cabeça de miembro de hombre.


Tras la metamorfosis, Helena de Céspedes abandonó a su hijo y empezó a sentir inclinaciones por las mujeres. Tras una aventura amorosa con la hija de un mercader, decidió vestirse de hombre y adoptar la identidad masculina, llegando a enrolarse como soldado en las campañas contra los moriscos de Granada. Durante sus andaduras, Helena se hizo llamar "Céspedes" y pidió en matrimonio a Maria del Caño. Sin embargo, al pedir la licencia matrimonial suscitó las dudas del viario y se sometió a tres exámenes médicos en los cuales se les declaró hombre. Para ello se simuló una vagina con unos emplastos y atribuyó la hendidura advertida por los médicos a las cicatrices producidas por una operación de almorranas.


Durante el jució, Helena declaró que sus genitales masculinos nunca mostró irregularidades pero cuando se le pidió que mostrara sus vergüenzas se justifició diciendo que meses antes del jucio había tenido molestias en el miembro, hasta el punto de no poder yacer carnalmente con su mujer. Los jueces, por tanto, empezaron a sospechar que lo de Helena de Céspedes se trataba de un engaño y que, en realidad, se trataba de una mujer que mediante artimañas había fingido un cambio sexual.


Su esposa, María del Caño, llevada por las habladurías intentó palparle varias veces pero Céspedes siempre la esquivaba. Sin embargo, declaró que había sido desflorada y que había tenido frecuentemente relaciones sexuales.


Por último, fue sometida a un examen médico por los mismos doctores que lo habían examinado a causa de la licencia matrimonial. El resultado fue sorprendente: no sólo se trataba de una mujer con todos sus órganos, sino que no quedaba la menor huella de haber sido hombre con anterioridad, ni cicatrices, ni señales de desprendimiento genital, ni siquiera signos de que la vagina había estado alguna vez cerrada. Por lo que el Santo Oficio declaró todo el asunto de Helena un fraude. Su condena fue la de abjurar de levi, cien azotes por las calles públicas, y otros cientos por la villa de Cienpozuelos, asimismo se la recluyó por diez años en el hospital.


Lo importante del caso de Helena es que supuso el inicio del descrédito o al menos de la desconfianza generalizada ante los casos de metamorfosis sexual.


Fuente: Vázquez García, F.; Moreno Mengíbar, A.: Sexo y razón. Una genealogía de la moral sexual en España (siglos XVI-XX), ed. Akal, Madrid, 1997.

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